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| Paraje del Salto | Salto-Argentina | |||||||||||
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También
como homenaje a estas industrias primeras de Salto digamos que
por esa misma época junto al desagüe del Arroyo del Burro Muerto
levantan otro molino, no de la envergadura del anterior,
del Señor Fontana quien más tarde lo vende a un señor Dalaison
sin tenerse mas datos hasta hace algunos años se podían aun apreciar
vestigios de sus ruinas.-. El
7 de julio de 1875 se le extiende autorización al señor Florencio
Camisella para la construcción de un molino hidráulico en Salto, (a la
altura donde hoy esta el Balneario Municipal) este
molino es adquirido luego por los señores Surin y
Labordeboy, para luego pasar a propiedad de Surin solamente, quien
al fallecer le hereda su señora alquilando las instalaciones a personas
de Chacabuco que instalan una fabrica de jabón, la que cerro
posteriormente quedando abandonadas las instalaciones para luego ser
demolidas y vendido el terreno. En
las quintas se producía muy buena cosecha de hortalizas y alfalfa para
semillas. Las hortalizas se comerciaban en Salto y Arrecifes y la alfalfa
se extraía la semilla por medio de una maquina a vapor propiedad de un señor
Sueiro y eran las mejor pagas en la zona por su calidad. Ya
Salto contaba para esos años con mas o menos 5.000 habitantes lo que daba
lugar a un gran movimiento comercial. Se había construido un hotel,
llamado El Nacional, cuyo propietario era el señor Juan Etchegoyen,
considerado como uno de los mejores Hoteles de la campaña de Buenos
Aires, esto relatado por personas que tuvieron oportunidad de conocerlo en
esos años, como el relato que nos dejo un viejo maestro rural, el señor
Domingo Rodrigo. Existía
un gran almacén propiedad de un señor
Francisco Martelo, quien se retira mas tarde y es uno de los
fundadores del Banco Español del Río de la Plata. Esta
casa era donde se pagaban las cuentas y los sueldos de la mayoría de los
grandes campos de la zona y su movimiento se podía comparar con las casas
exportadoras e importadoras de Buenos Aires. Cuando se retira el señor
Martelo quedan a cargo y luego compran los señores
José M. Casariego y Gabino Brena, estaba ubicada frente a la Plaza
y al este de la Iglesia. En
1869 se construye el edificio Municipal que en 1937 se demuele para dar
paso al actual.- En
1865
y luego de varias tramitaciones se decide iniciar la construcción
de un nuevo Templo Parroquial, los materiales del viejo templo y campo
santo son vendidos y sus fondos aplicados a la construcción del nuevo
edificio. Se inician
las obras respetando el plano del arquitecto Jonas Larguia y a
partir de ese momento es inenarrable por lo extenso, todo lo que se hizo
para reunir fondos. Destaquemos que en los primeros días del mes de Enero
de 1868 se declara una epidemia
de cólera morbo asiático que termina con la vida de 504 vecinos
del pueblo, lo que hace postergar las obras. El
señor Larguia deja la dirección de la misma y se busca otro arquitecto,
dando por fin con el señor Arquitecto Scolpini quien acepta dirigirla. La
Corporación Municipal por medio de la Comisión de Solares procede a la
venta de terrenos y quintas para aplicar la recaudación a la construcción,
consiguiéndose también aportes de la provincia y de vecinos adinerados,
esto seria el resumen, para decir que un 25 de Enero de 1883 se procede a
la inauguración del Templo labrándose acta que dice: “ En este Pueblo
de San Pablo del Salto a 25 del mes de enero del año del Señor de 1883,
siendo Romano Pontífice León XIII Arzobispo de la Archidiócesis el Dr.
Federico Aneiros, Presidente de la República el General D. Julio
Argentino Roca, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Dr. Dardo
Rocha, Cura Vicario D. Manuel B. Fernández, Presidente de la
Municipalidad D. Nicolás Gallegos, Municipales: los señores D. Juan B.
Español, Don Juan Echegoyen, D. Alejandro Sierra, D. Evaristo Grigera y
Don Juan J. Acevedo. El R,. Cura Don Manuel B. Fernández, con expresa
autorización del Exmo Sr. Arzobispo, procedió a bendecir solemnemente
este nuevo Templo dedicado al Apóstol San Pablo, acompañado de los Este
Templo a lo largo de su existencia ha tenido varias reparaciones y tareas
de mantenimiento, siendo en este momento una hermosa pieza arquitectónica
digna de ser visitada , luego de las refacciones llevadas recientemente a
cabo, a su frente se encuentra el Presbítero José Karaman, hijo de
Salto.- Debo
decir que prácticamente desde aquel precario fuerte de 1752 y su Capilla
hasta hoy siempre ha estado la Iglesia presente en nuestra
historia. Desde llevar a cabo todos los registros (fallecidos, nacidos y
casamientos) hasta en un momento llamar a los alumnos a clase con sus
repiques de campanas, dando muy especialmente el apoyo espiritual
necesario en todo ser humano. Contemos
que existe dentro de la Planta Urbana otra Parroquia “Nuestra Señora de
Pompeya” la que se creo hace aproximadamente 20 años y donde se
encuentra al frente el Presbítero Abel Gaspar, hijo también de Salto. Existen
4 Capillas donde en determinados días se ofician
misas, siendo administradas por Comisiones Laicas. Salto
a partir del alambrado de sus campos se encontró con un aspecto nuevo, la
agricultura en gran escala, y a partir de la riqueza que empezó a
generar, los propietarios vieron crecer vertiginosamente sus capitales. La
bondad de sus tierras y la llegada de una corriente inmigratoria le dio un
poderío que hizo
que otros capitales viesen la oportunidad de instalarse aquí. Vino
el auge de los ferrocarriles, en 1896 llega a Salto el primero, el Tranway
de D. Federico Lacroze, que mas tarde continua a Rojas. En
1907 inician los ferrocarriles Compañía General de la Provincia
de Buenos Aires y el Pacifico. También
hubo muchos pedidos de otras líneas ferroviarias
orientadas hacia el Río Paraná pero quedo solamente en proyectos.
Lo cierto es que estas líneas ferroviarias dieron lugar, con sus
estaciones a la formaciones de centros poblados y colonias agrícolas,
beneficiadas por la facilidad que daba el transporte ferroviario para sus
producciones teniendo en cuenta que hasta ahí el único medio fue la
carreta. Con todas sus limitaciones.- La
riqueza generada por el esfuerzo del hombre y la generosidad de la tierra
se fue transformando en pequeños pueblos, nacen a la vera del Ferrocarril
Pacifico Monroe, Coronel Isleño e Inés Indart, del ferrocarril Compañía
General Berdier, Tacuari y Arroyo Dulce y del ferrocarril Lacroze Gahan,
Km 125 (luego La Invencible) y Parada Las Saladas. Estos
pueblos, centros de abastecimiento de las Colonias Agrícolas formadas en
sus cercanías, dieron lugar a la creación de Escuelas, Clubes y la
instalación de un comercio que en su momento fue el motor
que movió a la economía de la zona.-. Los
terratenientes beneficiados por leyes benignas para sus intereses, vieron
crecer sus fortunas, dejando los campos en manos de administradores y
yendo a vivir a las
ciudades y dar grandes paseos por Europa. Luego
esos campos a través de los años fueron subdividiéndose y una gran
parte vendidos a sus arrendatarios, dando lugar
al asentamiento definitivo de muchas familias de inmigrantes
italianos, franceses, españoles, yugoeslavos, polacos, croatas e
irlandeses. A
ellos muchos le debemos lo que hoy somos y tenemos que rendirles el
homenaje que se merecen. Como
anécdota es interesante lo que escribió Don Domingo Rodrigo cuando en
1873 llega a Salto desde su España natal, primero habla de las bondades y
belleza del Hotel Nacional, para luego citar que él llega contratado por
el Sr. Crisol, para trabajar en su campo, al día siguiente lo vienen a
buscar en un carro “Un
joven muy bien trajeado, con tirador ajustado a la cintura, chiripa a la
usanza de aquel tiempo, salimos al trote largo en dirección al puente y
luego haciendo calle entre ovejas, vacas y caballos llegamos a la
estancia”. Nos da una verdadera idea de lo que eran esos campos. “La
cosecha de trigo era muy escasa y por
lo tanto el pan lo comían solamente los pudientes, yo, dice, me
tuve que acostumbrar y recién lo volví a comer cuando a los tres meses
regresé al pueblo”. Nos
cuenta
que el “pueblo
era bien trazado y con poblaciones unidas de 2 o 3 cuadras a cada
lado de la plaza, muy afuera las casas eran aisladas y muchos sitios
despoblados o quintas. “Nadie andaba de a pie en esos campos, todos tenían
algún caballito que era el único transporte de entonces, de modo que
hasta la mujeres que tenían que ir y venir del campo lo hacían a
caballo. Los carruajes eran pocos, lo tenían los estancieros y algunas
jardineras de los repartidores de pasto u otro elemento. Existía una
cochera que tenia un coche fúnebre y dos o tres coches mas, en el pueblo
la ,mayoría de la gente andaba a pie, hasta los médicos y sino que lo
diga el Dr. Esperanza”. “La
educación estaba muy atrasada, solamente había un colegio, donde hoy es
la comisaría. En el campo el que quisiera hacer una carta tenia que
buscar alguien que se la escribiera, lo mismo para leerla cuando la recibían,
ni los niños que vivían en el pueblo iban todos a la escuela.-Luego
agrega :”La población unida con buenas casas en el centro, dejaba mucho
que desear en sus alrededores donde los sitios sin población eran
cercados con tunas por falta de alambre y de noche era muy peligroso andar
por esas calles llenas de baches y túneles En cuenta al comercio era
prospero, un buen hotel, tres tiendas
de bastante importancia, dos o tres fondas bastantes buenas, una la
de Graciano con cancha pelota muy concurrida y dos o tres zapaterías bien
puestas, La casa de Martelo lo mas importante junto al Hotel y luego
contiguo a este se levanto el edificio que
hoy es Club. En cuanto a los entretenimientos del pueblo debo decir
que la gente mas o menos distinguida concurría al Club y para los
criollos los boliches donde había algunas botellas de bebidas y alguna
libra de tabaco, pues el hombre de campo no usaba cigarro armado, sino que
usaba tabaquera y una piedrita que llamaban chispa y un eslabón con una
tirita de
yeso para encender el cigarro, ya que era mas barato que los fósforos
y se podía encender aunque hubiese viento fuerte. En esos boliches se
jugaba al truco y los domingos en la cancha carreras y tabas. La juventud
era muy afecta a los bailes, siendo el organillo la música de estas
diversiones, los dueños salían por la calle a esperar a los clientes.
Casi todas las noches venían los jóvenes de los establecimientos de
campo dispuesto a bailar y para esto, en su casa propia o de algún
conocido pedían a la dueña que invitara a las muchachas y ellos, uno salía
a buscar el organillo y otro una libra de yerba para que no faltara el
cimarrón durante el baile. El organillo se pagaba por
hora, que era a ojo de buen cubero, porque los relojes eran caros y
pocos lo tenían. El gasto de la música a veces se evitaba, porque entre
lo compañeros siempre había
algunos que guitarreaba y salvaba la ocasión.”
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