Una vez
dos personas llegaron hasta "El Porvenir" con frascos que
contenían orina para que Pancho Sierra les dijera cuáles eran sus
males. Pero uno de ellos, taimado, puso en su frasco orina de cerdo.
Pancho miró el recipiente y le dijo: "Vos
tenés cara de chancho, así que andá a un veterinario para que te
cure".
Relato
En el año 1985, en una reunión Belgraniana, las
señoras Juana Sanna y Angélica Pinillos, asistentes a la reunión, me
conectaron con la señora Olimpia Gil Fernández de Bernasconi, hermana
por parte de madre de la única hija de Pancho Sierra llamada Laura Pía
Sierra.
En esa oportunidad contacté a la investigadora señora María Teresa
Superno con esta información sobre la familia Sierra y referencias del ya
histórico personaje a quien ella ha dedicado muchos años de
investigación.
Doña Olimpia tiene más de cien años, y actualmente se encuentra
internada en un geriátrico de San Fernando.
Yolanda Alberti de Carrizo
Docente
2741-Salto
Un caso más de Don Pancho
Sierra
Corría el año 1887, Doña Indalecia V. de
Areco, mi madre, señora de madura edad había partido del Salto,
(hasta entonces un simple villorio) hacia la estancia "El Porvenir". Dicha señora sufría de una aguda y persistente dolencia -al
parecer de índole reumática- que le impedía caminar normalmente. Manejaba un humilde sulky, tirado por un flaco caballito que en su lento
trotar levantaba algunas nubecillas de polvo.
En su mente de mujer pobre iba reflexionando que contaba con muy poco
dinero, y por lo mismo, no estaba segura de cómo haría para poder
pagarle a Don Pancho. Pero no hizo falta que sacara tantas cuentas
porque... Apenas se había "apeado" de su destartalado
vehículo, cuando lentamente se le acercó Don Pancho quien -luego de su
habitual y bonachón saludo criollo- le dijo: "Ya sé... ya sé,
venís muy preocupada, pensando cómo harás para pagarme esta visita...
pero debieras saber muy bien que este gaucho jamás ha recibido un cobre
de nadie ni lo aceptaría nunca, porque lo que Dios nos brinda para -en su
sagrado nombre- sanar o aliviar a los humanos dolientes, no da derecho a
lucrar de manera alguna".
-Toma; bebe este vaso de agua bendecida que te ofrezco y regresa
tranquila, que ya estás sana y no tendrás necesidad de volver por lo
mismo... andá nomás, y que Dios te acompañe.
Demás esta decir el asombro reflejado en las cansadas pupilas de la
señora en cues- tión, ya que se había llevado una gran sorpresa,
primero: porque no tuvo necesidad de abandonar un cobre, y segundo: que
casi al instante se sintió recuperada física y espiritualmente, pudiendo
ascender al viejo sulky con asombrosa agilidad.
Nos refería Doña Indalecia, que ni bien bebió el vaso de agua
"experimentó una inten- sa sensación vivificante que calmaba todo
su ser, y sus dolores desaparecieron como por encanto". Agregando:
"jamás olvidé su venerable imagen como mi permanente sentimiento de
agradecida por el bien recibido de forma tan generosa"...
Diego Areco
Poeta, periodista
Hijo de Salto
| Extraído
del periódico "El Pampero" - Pergamino, Marzo 11 de 1875
-
Avisos Nuevos
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Médico
Espiritista |
El
que firma tiene el honor de ofrecer sus servicios al público
como médico espiritista.
Cura toda clase de enfermedades, aunque los facultativos las
hayan calificado de incurables y todo por medio del agua
saturada con el espíritu celestial que tiene el don de
poseer.
Por el mismo sistema cura todo animal doméstico o silvestre,
siendo enfermedad nueva.
No cobra remuneración alguna hasta que los enfermos no están
completamente sanos.
Su domicilio: Calle San Martín al lado de la casa del señor
Otaro.
Pergamino, 11
de marzo de 1875.
Francisco Sierra |
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El caso relatado anteriormente desvirtúa lo anunciado
en el aviso que se muestra. Este tipo de publicidad se veía con
frecuencia en los medios periodísticos de la época.
También pone de manifiesto el interés que la figura de Don Pancho
suscitaba entre los que buscaban hacer fortuna utilizando su nombre. |
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