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Entretelones Políticos

El peronismo en Salto ha sido copado por sus enemigos

Entretelones de la más hábil maniobra política cumplida en nuestro pueblo.

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La vieja sentencia de “la tercera es la vencida” ha cristalizado en la lucha antiperonista de nuestro pueblo. Luego de dos fracasos previos —uno por falta de decisión de un jefe radical y otro por la expulsión del Dr. Ricardo Belmartino—, los adversarios de la revolución han obtenido un triunfo sensacional.

El gestor de esta maniobra ha sido un político salteño que demostró una capacidad desconocida: el presidente del Partido Demócrata local, Dr. Antonio S. Belmartino. Él conocía perfectamente que el próximo intendente podría ser conservador si lograba dividir al oficialismo.

“Divida por dos...”

Un amigo le señaló al Dr. Belmartino que los peronistas tenían dos mil votos frente a los dos mil seiscientos de los radicales. El jefe conservador contestó fríamente:

— “Divida por dos cualquiera de esas cantidades y recuerde que nosotros contaremos con unos mil cien votos”.

— “¿Y los peronistas?” —preguntó el incrédulo amigo.

— “¡De esos me encargo yo!”

Y cumplió. Había que crear la división entre los legisladores locales: el diputado Rapola y el senador Salaverry. Recordando la máxima atribuida a la propaganda de guerra (“Una mentira repetida mil veces se transforma en verdad”), se comenzó a inflar la figura de Rapola para oponerla a su jefe.

Panfleto político 1951

Documento tipo "panfleto" del año 1951.

La Infiltración

Belmartino, aprovechando su amistad con figuras como Tornatore y el Sr. Errecarte, los convenció de que tendrían más porvenir con Rapola. La maniobra fue maestra: el jefe conservador “prestó” hombres de confianza para inflar la afiliación rapolista.

Se propuso a comerciantes, colonos y ladrilleros —descontentos por los altos salarios— inscribirse en el peronismo para derrotar en la interna al "Salaverrismo", al que tildaban de demasiado obrerista. Cientos de antiperonistas se infiltraron así para partir el partido en dos.

El Padrón de la Maniobra:

El peronismo afilió a 2.460 ciudadanos, pero solo podían contarse 2.000 para la interna: 300 fichas eran repetidas y 160 serían anuladas.

El plan se cumplió. Cualquiera fuera el resultado de la interna, el partido mayoritario quedaba fracturado, permitiendo que el Partido Demócrata, con sus 1.100 votos, aspirara a ganar las futuras elecciones municipales.

Nota histórica: En 1951, Juan Domingo Perón fue reelecto presidente. Sin embargo, en Salto, la estrategia de división dio sus frutos: el radicalismo se impuso con el farmacéutico Victorio Migliaro, quien asumió como Intendente Municipal el 1º de mayo de 1952.

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