Pancho Sierra - Maestro Sanador Espiritista - Anécdotas I -

Pancho Sierra, Maestro Sanador Espiritista

Abocado al servicio del prójimo compartía el dolor y la mesa con los menesterosos. Pudo haberse forjado un brillante porvenir como hacendado o viajar por el mundo como lo hacía la gente de su posición social.. Un vaso de agua, única medicina que ofreció el llamado Milagrero, cumpliendo por vocación más que por deber este sagrado precepto.

Anecdotas I.



En Nijmegen - Holanda


Me encontraba en el hall de un teatro en Holanda (Nijmegen) junto a músicos amigos holandeses y sus familias. Se acercó una señora de aproximadamente 60 años y me preguntó qué idioma hablaba, se veía que ella conocía varios idiomas; le dije español, me respondió con firmeza, Argentino, yo curo, en nombre de Dios, Jesús, Espíritu Santo y Pancho Sierra. ¡Qué bueno! yo soy nacido y vivo en Salto. El pueblo donde nació y está sepultado Pancho sierra. Me causó una gran sorpresa y alegría saber que conocieran a Pancho Sierra en ese lugar.Quedamos en vernos más tarde, porque en el lugar que estábamos, molestábamos a la multitud.

Esa noche concurrieron entre 950 y 1000 personas. Lamentablemente no volvimos a encontrarnos.



Baudilio González
Distinguido Músico de Salto






Reminiscencia de un milagro


Recuerdo que mi abuela Dolores Sáenz Montes de González y Cepeda (Lola) contaba que, siendo niña, era sonámbula. Había lugares muy peligrosos en su casa, entre ellos, un pozo de agua bastante profundo. Por esto, su tía Servillana Montes, la llevó a Pancho Sierra para que la curara del sonambulismo.
Cuando Pancho Sierra la vio, le dijo: "vos no tenés padre, ni madre, ni perro que te ladre".

Era verdad, porque era huérfana de padre y madre.
Doña Lola falleció el 21-10-1946 en Salto.






En estos momentos se está cayendo...


Desde la estancia "El Porvenir", una calurosa tarde en diciembre de 1887. Pancho Sierra mateando con sus hermanos presintió un derrumbamiento; se trataba de la torre perteneciente a la Iglesia "San Francisco de Asis", Rojas.
Don Silvestre Marugo. Presbítero de origen italiano, era el Párroco de entonces.



Profesor: WS L.E. 6.647.019.
Rojas (B)






Recién venís?...


Don Martín Bazterrica padecía de un aneurisma en el corazón (de diagnóstico incurable). Su vecino Justo Inlecheti le comentó un día que había soñado con Pancho Sierra, quien le comunicó que Bazterrica se llegara a la "Estancia" porque él lo sanaría.
El enfermo se negó: semanas después Inlecheti volvió a insistir afirmando que nuevamente había soñado con el milagrero. Entonces Don Martín emprendió un penoso viaje y al llegar a "El Porvenir", Pancho Sierra lo recibió con estas palabras:
"¿Recién venís?. Hace un mes que te llamé, de a pie podrías haber llegado".
Don Pancho le pronosticó que en dos años sanaría totalmente y así fue.
Bazterrica falleció en 1904 de otra enfermedad.
Pancho lo había atendido en 1881.



(Un vecino de 9 de Julio, Bs.As.)






Historias del Pasado


Recuerdo que mi madre contaba historias de su pasado, de sus afectos y una de ellas hacía referencia a la familia Sierra, conocida de mis abuelos y tíos a quienes unían vínculos de amistad, vecindad e ideologías políticas y religiosas.
Parientes directos de Pancho, en algunas reuniones o visitas, comentaban diversos hechos en la vida del milagrero, a pesar de que eran muy poco afectos hacerlos de interés público.
Hombre de bien, tenía como un "Sexto Sentido". Al respecto, recuerdo una anécdota que narraba mamá:

Era una tardecita en el campo, cuando llegó un paisano a caballo. Se bajó rengueando, como muy dolorido, se dirigió a Pancho pidiéndole que lo curara.
Don Pancho lo miró y le dijo: "yo no puedo curarte porque estás sano y solo querés burlarte".
El paisano, vacilante, se alejó. Al salir, cuando fue a montar su caballo, se cayó y se lastimó mucho.
Entonces Pancho se acercó a él y le dijo: "Ahora sí voy a curarte: estás herido".
¿Cómo pudo adivinar así?...

Todas esas anécdotas hablaban de su bondad, sabiduría y capacidad para curar.


Mi madre: María Luisa Santarelli de Magno.
Docente. Declarada "Ciudadana Distinguida" por el Honorable Consejo Deliberante Municipal de Salto, el 2-2-1992.
María Cecilia Magno
Docente-Maestra Mayor de Obras






María Olimpia Gil Fernández de Bernasconi Relato de una centenaria.

María Olimpia Gil Fernández de Bernasconi, hermana por parte de madre de la única hija de Pancho Sierra, llamada, Laura Pía.

Una vez dos personas llegaron hasta "El Porvenir" con frascos que contenían orina para que Pancho Sierra les dijera cuáles eran sus males. Pero uno de ellos, taimado, puso en su frasco orina de cerdo. Pancho miró el recipiente y le dijo: "Vos tenés cara de chancho, así que andá a un veterinario para que te cure".






Relato


En el año 1985, en una reunión Belgraniana, las señoras Juana Sanna y Angélica Pinillos, asistentes a la reunión, me conectaron con la señora Olimpia Gil Fernández de Bernasconi, hermana por parte de madre de la única hija de Pancho Sierra llamada Laura Pía Sierra.
En esa oportunidad contacté a la investigadora señora María Teresa Superno con esta información sobre la familia Sierra y referencias del ya histórico personaje a quien ella ha dedicado muchos años de investigación.
Doña Olimpia vivió más de cien años, y terminando sus días internada en un geriátrico de San Fernando.



Yolanda Alberti de Carrizo
Docente






Un caso más de Don Pancho Sierra


Corría el año 1887, Doña Indalecia V. de Areco, mi madre, señora de madura edad había partido del Salto, (hasta entonces un simple villorio) hacia la estancia "El Porvenir". Dicha señora sufría de una aguda y persistente dolencia -al parecer de índole reumática- que le impedía caminar normalmente. Manejaba un humilde sulky, tirado por un flaco caballito que en su lento trotar levantaba algunas nubecillas de polvo.
En su mente de mujer pobre iba reflexionando que contaba con muy poco dinero, y por lo mismo, no estaba segura de cómo haría para poder pagarle a Don Pancho.
Pero no hizo falta que sacara tantas cuentas porque... Apenas se había "apeado" de su destartalado vehículo, cuando lentamente se le acercó Don Pancho quien -luego de su habitual y bonachón saludo criollo- le dijo: "Ya sé... ya sé, venís muy preocupada, pensando cómo harás para pagarme esta visita... pero debieras saber muy bien que este gaucho jamás ha recibido un cobre de nadie ni lo aceptaría nunca, porque lo que Dios nos brinda para -en su sagrado nombre- sanar o aliviar a los humanos dolientes, no da derecho a lucrar de manera alguna".

-Toma; bebe este vaso de agua bendecida que te ofrezco y regresa tranquila, que ya estás sana y no tendrás necesidad de volver por lo mismo... andá nomás, y que Dios te acompañe.

Demás esta decir el asombro reflejado en las cansadas pupilas de la señora en cues- tión, ya que se había llevado una gran sorpresa, primero: porque no tuvo necesidad de abonar un cobre, y segundo: que casi al instante se sintió recuperada física y espiritualmente, pudiendo ascender al viejo sulky con asombrosa agilidad.

Nos refería Doña Indalecia, que ni bien bebió el vaso de agua "experimentó una intensa sensación vivificante que calmaba todo su ser, y sus dolores desaparecieron como por encanto".
Agregando:
"...Jamás olvidé su venerable imágen como mi permanente sentimiento de agradecida por el bien recibido de forma tan generosa"...




Diego Areco
Poeta, periodista
Hijo de Salto



María Teresa Superno
Investigadora de campo

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