Ecos de Historia

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La Tragedia de la Frontera

1820, El Día más Aciago

Crónica de la destrucción del Salto por las fuerzas de José Miguel Carrera y el cacique Yanquetruz.

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Diciembre de 1820 quedó marcado como el mes del horror. Una horda al mando del cacique Yanquetruz, acompañada por el General chileno José Miguel Carrera, destruyó prácticamente el pueblo, dejando un saldo de muerte y cautiverio sin precedentes.

Manifiesto del Gobernador Martín Rodríguez

Buenos Aires, 4 de diciembre de 1820

"CIUDADANOS... preparaos a escuchar con indignación y asombro la noticia... Han llevado sobre trescientas almas de mujeres y criaturas, sacándolas de la Iglesia, robando los vasos sagrados, sin respetar el copón con las formas consagradas... incendiando muchas casas."

"José Miguel Carrera, ese hombre depravado, ese genio del mal, es el autor de tamaños desastres. Bárbaro, cien veces más bárbaro que los salvajes del Sud... hizo romper a punta de hacha las puertas de la iglesia donde se habían refugiado las familias indefensas."

Martín Rodríguez
Brigadier General

Nómina de Cautivas Liberadas

Años más tarde, el Ejército de Juan Manuel de Rosas logró rescatar a algunas de las víctimas. Aquí rescatamos sus nombres y su historia:

  • Petrona Salvatierra: 24 años, sacada de la Iglesia del Salto.
  • Cirila: 17 años, cautivada en el mismo Templo.
  • José María Linares: 17 años, llevado por los indios de la Iglesia.
  • Josefa Silva: 35 años, cautiva desde el año 20; recuperada con dos hijos nacidos en cautiverio.
  • Juana Dominga Charras: 25 años, conservó a sus tres hijos durante el cautiverio.
  • Mercedes Brandán: 18 años, sacada de la Iglesia; al ser liberada apenas hablaba castellano.
  • Ignacia del Moral: No regresó; fue madre del cacique Tripailao, quien años después saludaría a sus parientes militares en un malón.

Memorias Curiosas (Juan Manuel Berutti)

"El 7 de diciembre tuvimos la fatal noticia... en el pueblo del Salto mataron hombres, mujeres y niños que les eran inútiles... entraron a la iglesia a balazos, tomaron a las mujeres por el pelo y las montaron en ancas de sus caballos... una escena digna de llorarse con lágrimas de sangre."

El milagro de la torre: "El cura con 22 vecinos solo pudieron escapar ganando la torre de la iglesia. Subieron por una escalera de mano que ellos mismos quitaron una vez arriba, salvándose de una muerte segura mientras veían arder su pueblo."

La profanación fue total: hasta la imagen de San Antonio fue baleada, rompiéndole un brazo de un fusilazo. Salto renacería de estas cenizas, pero el recuerdo de 1820 permanece como el eco más doloroso de nuestro pasado.

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